Cuando Trump fue declarado vencedor en el anterior proceso electoral, los medios de comunicación transmitieron un sentimiento de pánico y temor que llenó de miedo a todos aquellos que frecuentemente abordan los temas políticos. En realidad, Trump refleja la preocupación de los norteamericanos acerca de muchos fenómenos que vienen ocurriendo en Estados Unidos y que otros candidatos no supieron abordar apropiadamente.
Trump llegó a la Casa Blanca para sentar nuevas directrices en la agenda presidencial, no solo de su gobierno sino también para las sucesivas administraciones. De ahora en adelante, los tópicos relacionados con el déficit comercial norteamericano serán objeto de atención de los próximos presidentes de esa nación para los efectos de tomar las decisiones que correspondan hasta tanto se reduzca de manera sustancial el tamaño del mismo. No hacerlo significa perder valioso capital político y darle la oportunidad a los oponentes de lograr desplazarlos del poder.
Por otro lado, Trump levanta un hito en materia de política exterior estadounidense : China representa un peligro para los intereses de Estados Unidos. De tal manera que, a partir de entonces, las decisiones que tomen tanto el poder ejecutivo como el legislativo de ese país y que estén vinculadas con las relaciones con China serán revisadas minuciosamente con el fin de no permitir que el país asiático incremente su influencia en la economía norteamericana.
Como sabemos, los demócratas centran su atención en temas sociales, derechos humanos, distribución de la riqueza, etc; mientras que desatienden de manera a veces descarada los puntos relacionados con el crecimiento económico y la generación de riqueza. Sin embargo, luego de la Administración Reagan ocurrió un proceso de renovación ideológica en el Partido Demócrata que, si bien no abandona sus principios fundamentales, otorga mucha mayor importancia a los eventos económicos y entiende, además, que, en ocasiones, es necesaria la intervención militar en otros países.
Bajo una administración demócrata, la guerra comercial pasa a un segundo plano y cobran importancia los proyectos políticos que intentan la aprobación de leyes que lleven a incrementar los impuestos a las más grandes fortunas. Sin embargo, ello no significa que sean eliminados los incrementos arancelarios adoptados durante la Administración Trump ni que cese el empeño por reducir el déficit comercial.
La linea ideológica del Partido Demócrata necesita definir con claridad como enfrentar el problema del déficit comercial. Este es un proceso que debe estar ocurriendo en este momento y que se llevaría todo el 2019 y parte del 2020. Es necesario que el candidato presidencial demócrata muestre líneas precisas acerca de como enfrentar el problema del comercio exterior norteamericano a partir del enfoque de dicho partido. Aunque es probable que dicho candidato se presente a la contienda mostrando solo lineas generales para luego establecer las normas específicas en los dos primeros años de gobierno e implantar medidas en los dos últimos años a que resten a dicha administración.
El Partido Demócrata, hasta donde tengo conocimiento, no ha emitido pronunciamiento alguno acerca de lo ocurre con respecto al déficit comercial norteamericano, no le ha otorgado la importancia que corresponde y, peor aún, no ha asumido posición ante una realidad que podría amenazar el bienestar de los norteamericanos. Efectivamente, los demócratas ni siquiera han intentado desvincular la idea introducida por los republicanos en cuanto a que el bienestar de los estadounidenses depende de la magnitud del déficit comercial. Es evidente que la obsesión demócrata por incrementar la tasa impositiva a las fortunas gigantescas ha impedido que el partido nos muestre la ideología que permitirá enfrentar los problemas de hoy en día.
Ir a:The Democrats’ Yawning Silence on Trade - ERIK LOOMIS - Boston Review
Es por ello que los actores económicos de Estados Unidos y del mundo deben esperar a que los demócratas estudien y comprendan el fenómeno del déficit comercial para lograr plantear escenarios que nos permitan vaticinar los sucesos más importantes en materia de comercio internacional que podrían estar ocurriendo durante los próximos años.
A pesar del rezago ideológico que nos muestra el Partido Demócrata tenemos que notar que su influencia política es notoria y que sus seguidores son líderes en materia de derechos humanos, desigualdad y exclusión; pero que su eterna crítica al capitalismo le quita espacio a la producción de ideas útiles para abordar los problemas de hoy en día.
Para el momento en el cual el Partido Demócrata obtenga un hipotético triunfo en las próximas elecciones presidenciales , China ya estará en recesión o se encontrará muy cerca de estarlo, mientras que el resto del mundo verá como las expectativas negativas llevan al foso el valor de las más importantes variables económicas. Creemos que, bajo estas circunstancias , la administración demócrata divulgará reiteradamente que no habrá más incrementos arancelarios. Sin embargo, llevará a cabo las acciones necesarias para concertar los acuerdos políticos que permitan reducir la sobre-valoración del dólar sin afectar el funcionamiento del sistema financiero. Ello significa que continuará incrementándose la dificultad de China para exportar a Estados Unidos. Es decir, el peligro de que ocurra una depresión económica global no desaparecerá con la salida de Trump de la Casa Blanca.
Es por ello que, en atención a lo mencionado hasta ahora, podemos afirmar que el proceso electoral norteamericanos no ejercerá influencia sobre la guerra comercial; ésta continuará independientemente de quien sea el próximo presidente de Estados Unidos. Por tanto, solo cabe esperar un cambio en el mecanismo de corrección del déficit comercial, en donde la aplicación de incrementos arancelarios sea sustituido por una paulatina reducción de la sobre-valoración del dólar.
Entonces, si existen muy altas posibilidades de que la guerra comercial continúe durante los próximos años, tendremos que las posibilidades de que ocurra una depresión económica global siguen siendo significativas. Aquí planteamos que la amenaza de depresión económica global será combatida por un grupo de países por medio de la aplicación de subsidios a las empresas; de esta manera la debacle económica mundial solo llegaría a ser recesión económica global, pero nunca una depresión económica global.
Los subsidios a las empresas son herramientas de incentivo económico de carácter bastante heterodoxo y que ha sido aplicado con anterioridad en varias naciones bajo contextos radicalmente diferentes.
Esta herramienta emerge como una alternativa factible dado que la economía que necesita enfrentar con urgencia los efectos de la guerra comercial , es decir, China, carece de mecanismos, herramientas e instituciones que le permitan afrontar adecuadamente tal eventualidad.
Efectivamente, las políticas fiscales y monetarias del país asiático carecen de autonomía y de efectividad; simplemente reaccionan ante lo que suceda con la política comercial, por lo tanto, no pueden utilizarse para combatir eventos propios de una política comercial desfavorable.
Por otro lado, no creemos que estén dadas las condiciones políticas necesarias para que los organismos multilaterales brinden ayuda económica a China ya que los estatutos de estos organismos no se amoldaran a las exigencias y condiciones que querrá imponer la nomenclatura china. Si bien es cierto que estos organismos desempeñaron un rol de primer orden durante la crisis asiática de finales de los 90, pensamos que las condiciones que imperan hoy en día son distintas.
Finalmente, será la depreciación de la moneda la herramienta preferida por los gobernantes de las diversas naciones para enfrentar las consecuencias de la guerra comercial. Sin embargo, éste será un mecanismo carente de efectividad o, en el mejor de los casos, un mero atenuante de los problemas que se presenten.
Creemos que será el otorgamiento de subsidios a las empresas el instrumento que evitará el cierre masivo de compañías y que adoptarán varias naciones como consecuencia de la guerra comercial. Evidentemente, no todas los países están en la facultad de implementar un mecanismo de distribución de subsidios a empresas, ni todas las compañías están en condiciones de recibirlas. Es decir, dado que China es el eje a partir del cual se iniciará la hipotética depresión económica global es absolutamente indispensable que ella instale dicho mecanismo de otorgamiento de subsidios a empresas, más aún cuando cuenta con abundantes recursos financieros para tal efecto. Para ello hay que tener en consideración que la distribución de estos subsidios no puede ser masiva sino selectiva; en donde uno de los criterios de selección más importantes deberá ser el tamaño del volumen de importaciones que realiza anualmente cada empresa. Este criterio crea un sesgo que perjudica a las compañías que atienden el mercado interno, por lo que requeriría implementar algún mecanismo compensatorio que anule dicho sesgo.
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En todo caso, el primer choque que recibirán las naciones como consecuencia de la guerra comercial, independientemente de su grado de vinculación con China, será: depreciación de la moneda, contracción del producto tanto por vía de una menor demanda agregada como una menor oferta agregada; inflación, específicamente una inflación de costos; contracción de los ingresos fiscales y del gasto fiscal; reducción de las fuentes de financiamiento fiscal; reducción del consumo interno; desempleo. Este es un proceso de ajuste que implica la destrucción de una parte de las cadenas de producción global debido a que las mismas ya dejan de ser útiles. Bajo este contexto, se requiere replantear los esquemas de producción globales a partir de nuevas ideas y nuevos principios. Hasta tanto no aparezca este nuevo esquema de producción global, la mayoría de las economías del planeta podrían quedar sumergidas en una suerte de estancamiento perenne, de no crecimiento económico, de mera supervivencia.
















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