jueves, 15 de agosto de 2019

Situación actual y expectativas de la guerra comercial actual

A continuación les muestro la cronología de la guerra comercial actual, para simplificar omitimos las acciones tomadas contra México y Europa.


2018: PUNTO DE PARTIDA
8 marzo
Estados Unidos anuncia una subida de aranceles sobre el acero. Por su parte la UE denota su preocupación por una posible guerra comercial: "sería un desastre real para los dos y para el mundo". El gobierno de Trump impone un arancel del 25% a las importaciones de acero y uno del 10% a las de aluminio.

3 de abril
El gobierno del presidente Donald Trump hace pública una lista de los bienes chinos cuya importación tendría un valor total de 50.000 millones de dólares. Los principales sectores afectados serán los de mecánica, electrodomésticos, químicos y equipos eléctricos. El documento, de 58 páginas, incluye un total de 1.333 productos. Según declaraciones de la Casa Blanca este castigo se impone por el robo de sus secretos comerciales, incluidos software, patentes y otras tecnologías.

4 de abril
El gigante asiático impone sanciones arancelarias del 25 % a 106 productos importados de Estados Unidos por un valor de 50.000 millones de dólares. Los productos afectados son la soja, automóviles y aviones.

2 de junio
China y Estados Unidos se abren a una nueva ronda de negociaciones con la intención de apaciguar los ánimos y evitar una posible guerra comercial.

6 de julio
Las negociaciones de los días pasados no llegan a un punto medio. La Casa Blanca anuncia nuevos gravámenes a las importaciones chinas por un monto total de 4.000 millones de dólares. China contraataca con medidas similares, atacando principalmente al sector tecnológico.

11 de julio
Cinco días después, Trump ordena nuevos gravámenes para China, del 10 % a productos importados, por un valor de 200.000 millones de dólares.

23 de agosto
Las administraciones de ambos países ponen en marcha la segunda fase de los aranceles sobre un total de bienes por valor de 50.000 millones de dólares. Sus acciones alcanzan a un grupo de importaciones por valor de 16.000 millones de dólares.

27 agosto
Tras varios meses de ataques, China denuncia a EEUU a la OMC por los diversos aranceles impuestos a sus productos.

24 de septiembre
Estados Unidos impone gravámenes del 10 % por valor de 200.000 millones de dólares a productos chinos, afectando en esta ocasión al sector textil. En este contexto. Pekín arremete con gravámenes por un valor de 60.000 millones de dólares a productos norteamericanos, con afectaciones directas sobre el gas natural licuado.

1 de diciembre
Washington y Pekín anuncian un acuerdo para detener la guerra comercial y la escalada arancelaria tras la reunión del G-20 en Buenos Aires. Además se comprometen a generar negociaciones para concretar un acuerdo comercial, poniendo como límite hasta el 1 de marzo. En caso de no llegar a un acuerdo hasta esa fecha, EEUU indica que elevará nuevamente los aranceles sobre productos chinos por un valor de 200.000 millones de dólares.

2019: LAS TENSIONES AUMENTAN
25 de febrero
El presidente estadounidense decide aplazar la subida de los aranceles a China gracias a los avances de las negociaciones. A nivel internacional, la decisión de la Casa Blanca de retrasar el aumento de gravámenes sobre productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares. Según Trump, ambos países habían logrado "un progreso sustancial" en las negociaciones comerciales, lo que hizo que las acciones chinas subieran casi un 5%.

10 de mayo
El deterioro de las relaciones de ambas potencias se evidencia y la tregua se termina cuando Donald Trump anuncia el incremento del 10% al 25% de los aranceles para las importaciones chinas de más de 5.000 productos.

13 de mayo
Por medio de Twitter, Trump declara que no encontraba "ninguna razón para que el consumidor estadounidense pague por los aranceles a China que entran hoy en vigor. China no debería tomar represalias. ¡Sólo lo empeorará!".

15 de mayo
El presidente norteamericano declara a su país en emergencia nacional y prohíbe a las compañías de su país usar equipos de telecomunicaciones fabricados por empresas chinas, bajo el argumento que realizaban espionaje y atentan contra la seguridad nacional de Estados Unidos, así arremetiendo contra la gigante asiática Huawei.

20 mayo
Las principales empresas tecnológicas de EEUU, entre ellas Google, dejarán de vender componentes y software a Huawei y comienzan a bajar las ventas de dispositivos electrónicos de la gigante asiática.

21 de mayo
Huawei niega que las restricciones estadounidenses vayan a afectar a sus productos o al despliegue de la tecnología 5G, en la que la empresa china dice aventajar a sus competidores.

1 de junio
China incrementa los aranceles. Existe una diferencia de 14 puntos porcentuales en el arancel medio impuesto por China a sus importaciones estadounidenses en comparación a otros socios.

30 de Junio
Ambas potencias deciden darse una pausa en la guerra comercial, tras la reunión del G-20 en Osaka y se comprometen a restablecer las conversaciones comerciales entre ambas naciones, interrumpidas desde mayo. Estados Unidos decide no imponer nuevos aranceles sobre sus importaciones chinas y permitirá que sus empresas puedan vender productos tecnológicos de Huawei.

9 de julio
Estados Unidos anuncia anticipa el fin del bloqueo a Huawei y que las compañías norteamericanas pueden retomar sus relaciones y vender sus productos.

2 de agosto
EEUU pone fin a la tregua e impone más sanciones a China. Trump anuncia la imposición de nuevos aranceles del 10% sobre importaciones chinas valoradas en 300.000 millones de dólares a partir del 1 de septiembre.

5 de agosto
China desafía a la Casa Blanca y deprecia al Yuan a niveles que no se veían desde 2008. La tasa de cambio se sitúa de 7 a 1. Las bolsas de todo el mundo van a la baja.

Desde el inicio de la Administración Trump, los medios de comunicación han sido portadores de noticias relacionadas con los eventos propios de la guerra comercial. En todo el mundo se han generado expectativas acerca del impacto que este fenómeno causará en el comportamiento de los agentes económicos y en las fluctuaciones de las variables más importantes. Son estas expectativas las que han ejercido influencia económica relevante en el mundo real ya que aún no se materializa en el desenvolvimiento económico global los efectos directos de la guerra comercial actual.



Es por ello que, por ejemplo, los tipos de cambio y los indicadores de las bolsas de valores de México y China, fundamentalmente, han sufrido caídas en sus cotizaciones ya que estos recogen con toda plenitud las expectativas formadas desde el inicio de la guerra comercial.

De la misma manera, esta influencia se ha dejado sentir sobre el Euro, algunas monedas europeas y algunas bolsas europeas; sin embargo, los efectos han sido solapados por otros factores ajenos a la guerra comercial.

Estas expectativas negativas también han dejado su huella en las cotizaciones de las materias primas, especialmente del petróleo, ejerciendo de esta manera la guerra comercial su influencia sobre América Latina. Medio Oriente y Rusia.

Oceanía y el resto de Asia no escapan de las devaluaciones y de la contracción en los indicadores bursátiles, dado que son proveedores de alimentos, materias primas y bienes intermedios de China.

La otra cara de la moneda la notamos cuando vemos que, desde el inicio de la guerra comercial, el dólar se fortalece, los indicadores de la bolsa neoyorkina ascienden cada vez más, el desempleo prácticamente no existe y hasta los salarios llegan a subir. Ello se debe a que, en Estados Unidos, las expectativas asociadas a la guerra comercial son absolutamente nulas ya que los agentes económicos y políticos han percibido que la guerra comercial no ejercerá ningún efecto sobre la economía y sobre los equilibrios políticos establecidos en esa nación. Sin embargo, a veces, las expectativas no llegan a ser racionales.



Desde el año 2016, numerosos analistas han señalado el peligro que representaría para USA el triunfo de Trump en las elecciones presidenciales y la posterior ejecución de su guerra comercial, pero, es en el año 2019 el momento en el cual los voceros de la Reserva Federal afirman que la recesión económica mundial que se aproxima ejercerá influencia negativa sobre Estados Unidos y, hasta el propio presidente Trump ha dicho que trabajará para incrementar el intercambio comercial con Gran Bretaña y Brasil, sugiriendo con ello que, posiblemente, las relaciones comerciales de USA estarán guiadas, simultáneamente, por el proteccionismo en el caso de algunos países y por el libre cambio en el caso de otros.

Durante el año 2019 ocurre una disminución de alrededor de 10% en el déficit comercial norteamericano con respecto a China y se espera que durante el cuarto trimestre de ese año ocurran incrementos importantes en el precio de los productos importados, especialmente de aquellos provenientes de China.

La brusca disminución de las importaciones asiáticas aún no genera efectos negativos reales en la economía global dado que ella es asumida por las empresas afectadas como una reducción en los volúmenes de producción y venta que, si bien disminuirá las ganancias de los empresarios chinos, no provocará el cierre de empresas asiáticas ni traslado comercial de las mismas.


Las empresas que deberían estar yendo a quiebra en la segunda mitad del año 2019 y primer trimestre del 2020 por causa de la guerra comercial, serán aquellas empresas pequeñas o medianas proveedoras de servicios a conglomerados empresariales que, a su vez, suministren productos intermedios o materias primas a las corporaciones chinas que estén vendiendo sus productos en Estados Unidos. En este sentido,  los sectores económicos conformados por pequeñas y medianas empresas ubicadas en Oceanía, Asia y América Latina, que sean proveedoras de China, serán las primeras víctimas de la guerra comercial.

Sin embargo, no creemos que la Administración Trump se sienta satisfecha con la magnitud de la reducción del déficit comercial alcanzado hasta ahora; de tal manera que deberán continuar las baterías de incrementos arancelarios contra China, México, algunos países europeos y algunos países asiáticos. Ello continuará hasta tanto las empresas extranjeras localizadas en estos territorios y que venden sus productos en Estados Unidos abandonen el mercado norteamericano, ya sea para cerrar sus puertas definitivamente, ya sea para trasladar sus operaciones comerciales a otros mercados.

En estos momentos, los efectos de la guerra comercial son consecuencia exclusiva del rol de las expectativas y es probable que el efecto de estas expectativas finalice mucho antes de que comiencen a aparecer los efectos reales, de hecho, cabe esperar que ciertos valores de tipo de cambio e indicadores de bolsas de valores se estabilicen rápidamente a pesar que la guerra comercial continúe vigente, pero siempre antes de que aparezcan los efectos reales.

Los efectos reales iniciales de la guerra comercial se harán sentir en todo el planeta menos en Estados Unidos, con mayor o menor intensidad según el caso. Alta inflación, contracción del producto, , desempleo y elevadas tasas de interés serán una constante universal. Este panorama negativo será potenciado y acelerado por nuevas expectativas que depreciaran nuevamente muchas monedas y desanimarán la inversión.

El inicio de la recesión económica global, como consecuencia de la influencia real de la guerra comercial, deberá ser anunciado por una situación de pánico, tal como maxi-devaluaciones, caída estrepitosa de indicadores de bolsa de valores o bien un suceso político trascendente, tal como golpes de Estado. Durante algún tiempo veremos como, mientras el mundo padece los rigores de una crisis económica de gran magnitud, Estados Unidos continuará disfrutando de su bonanza económica.

Finalmente, los efectos reales de la guerra comercial llegarán a Estados Unidos pero sin ser anunciados por una situación de pánico ya que las mismas entrarán en la economía norteamericana de manera muy lenta. Poco a poco será cada vez más evidente que las empresas norteamericanas no podrán satisfacer adecuadamente las necesidades del consumidor estadounidense y el binomio escasez-inflación se estaría instalando por una larga temporada en Estados Unidos con muchas empresas norteamericanas percibiendo ganancias fabulosas.

Las características del proceso inflacionario que se avecina en Estados Unidos como consecuencia de la guerra comercial serán tales que impedirán que la Reserva Federal lleve a cabo acciones efectivas que logren controlarla. A lo sumo, los hacedores de políticas podrán elegir entre inflación continua o recesión permanente; ya que no se trata de una inflación creada por la diferencia existente entre la demanda agregada y la oferta agregada sino que será una inflación originada por la creación y consolidación de un gigantesco número de mercados cautivos gobernados por las corporaciones y empresas grandes norteamericanas, o bien por empresas medianas o pequeñas que puedan levantar barreras a la entrada en los mercados que controlen.



El descontento general que resulta de un proceso inflacionario sumamente largo, por no decir permanente, deberá activar los canales políticos para que cese la guerra comercial; si es que la sociedad norteamericana tiene éxito en establecer una asociación entre inflación permanente y guerra comercial.

Como vemos, la inflación norteamericana adquirirá tales características que dificultará enormemente combatirla. No decimos que toda la economía de Estados Unidos se convertirá en un inmenso mercado cautivo, decimos que una cantidad elevada de mercados específicos se convertirán en mercados cautivos. No decimos que en estos mercados específicos aparecerán monopolios u oligopolios, decimos que todas las empresas que abastecen un mercado específico serán sobrepasados por una demanda incontrolable. No decimos que la guerra comercial creará una nueva demanda en algunos sectores específicos, decimos que la demanda se mantendrá intacta, solo que, debido a la salida de los oferentes extranjeros, habrá una demanda que no podrá ser absorbida por los oferentes norteamericanos, presionando con ello a la elevación de los precios en estos mercados específicos.

De la misma manera, la escasez que aparecerá en Estados Unidos como consecuencia de la guerra comercial, no será una escasez absoluta sino que solo se limitará a los mercados específicos a los que ya se hizo referencia. Tampoco será ésta una escasez definitiva debido a que las empresas norteamericanas no van a dejar de producir, sino que no tendrán la capacidad para realizar una reposición rápida de los inventarios al momento de agotarse. Por otro lado, a medida que el consumidor norteamericano vaya advirtiendo la situación de escasez, irá sustituyendo los productos habituados a comprar por otros con propiedades similares. En todo caso, se trata de elementos que forman parte de una situación de descontento generalizado.



Por supuesto, las autoridades norteamericanas pueden crear un sistema de indicadores que permita detectar cuales son los mercados específicos que están siendo generadores de escasez y de inflación para así poder aplicar las medidas correctivas, pero, dado que por primera vez en la historia está ocurriendo un proceso de expulsión masiva de productos extranjeros, no se tiene conocimiento ni experiencia acerca de cuales podrían ser esas medidas correctivas.

De tal manera que, el fenómeno de inflación permanente en mercados específicos de Estados Unidos aparecerá debido a que en estos mercados será extremadamente difícil que ocurra un incremento en el número de oferentes que satisfagan la demanda "liberada" por la reducción en las importaciones. Por otro lado, dado que la economía norteamericana se encontrará sobre su producto potencial, será cada vez más costoso, para los productores establecidos en estos mercados, encontrar los elementos necesarios para la producción. Es así como la inflación permanente norteamericana estará formada por dos componentes: uno que permite discriminar cliente en un mercado en el cual la demanda supera en gran medida a la oferta y otro que permita cubrir los cada vez mayores costos unitarios de producción.

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