En estas páginas hemos venido planteando que la economía global se encuentra en estos momentos en una encrucijada en la cual se presentan tres caminos nada alentadores: recesión, depresión o estancamiento económico. Esta situación es originada por la necesidad imperiosa que tiene la economía norteamericana de corregir el tamaño del déficit comercial que presenta hoy en día y tiene como pivote o canal lo que suceda con la economía china. Estamos presenciando hechos que nos muestran como las decisiones que se tomen en las dos economías más grandes del planeta afectará, irremediablemente, al resto de las economías del mundo con una fuerza y potencia que no podrá ser contrarrestada por estas naciones.
Dado que, dependiendo de las decisiones que tome el gobierno chino, la guerra comercial tomará un curso u otro. Señalábamos entonces que la postura más sensata de los entes de planificación asiáticos consistiría en hacer todos los esfuerzos para que China no sea arrastrada a una depresión económica, pero que estaría dispuesta a aceptar algunos años de recesión económica, fenómeno que se transmitiría al resto del mundo para ocasionar así una recesión económica global. Entendiendo que, si bien las recesiones son procesos dolorosos que implican un alto costo político, es una manera de realizar los ajustes que se requieran en materia económica para poder abrir una nueva senda de crecimiento económico global. Es así como una recesión global pudiese ser la base para que la próxima década culmine con excelentes perspectivas en cuanto al desempeño de la economía global.
Sin embargo, los últimos meses nos han mostrado que el contenido de los informes emitidos por las autoridades chinas revelan que, a pesar de los efectos de la guerra comercial, China creará las matrices de gasto e inversión necesarias para que no se detenga el crecimiento económico; en lo que es, sin duda, una estrategia excesivamente optimista que acarrea elevados riesgos para el normal funcionamiento de esta economía y que, lamentablemente, podría llevarla, a fines de la próxima década a una fosa de contracciones económicas consecutivas de elevadas magnitud. Efectivamente, los próximos diez años nos mostrarán un quiebre en el comportamiento del comercio global y la globalización ya que, por una parte, Estados Unidos se volcará progresivamente hacia el aislamiento económico y político, con altas posibilidades de éxito; mientras que China hará lo propio ya que también deberá entrar en una tendencia de aislamiento económico y político, pero con altas posibilidades de fracaso.
Dentro de este contexto, las perspectivas para el resto del mundo son perfectamente predecibles: si bien poco a poco desaparece el fantasma de la recesión global, se evidencia que estancamiento económico global sea el fenómeno que caracterice el desenvolvimiento económico de todo el planeta, exceptuando, por supuesto, a Estados Unidos y China; durante, por lo menos, una década.
Efectivamente, la base de la globalización radica en la dependencia, en importante medida, de las economías del planeta de la actividad económica que se desarrolle en Estados Unidos y, más recientemente, en China. Si estas naciones están acometiendo medidas que se orientan al establecimiento del aislacionismo económico, tales como la corrección del déficit comercial o guerra comercial o el fortalecimiento de la economía interna china; entonces se estaría aminorando la principal fuente de crecimiento de la mayoría de las economías del planeta. Es decir, a partir de los próximos años, el crecimiento económico de cada nación dependerá excesivamente de la correcta aplicación de medidas de políticas económicas internas de diverso tipo.
Global Impact of a Protectionist U.S. Trade Policy - GED Focus Paper - Thieß Petersen
Global Impact of a Protectionist U.S. Trade Policy - GED Focus Paper - Thieß Petersen
Pero, ¿no es la independencia económica una condición necesaria para la prosperidad?, ¿como la dependencia puede ser preferible a la independencia?. Parece ser que estamos saliendo de una era que se caracterizó, no por la dependencia económica, sino por la interdependencia económica enmarcada dentro del contexto globalizador. Si la globalización pierde fuerza debido a que las dos economías más grandes del mundo desean mayor autonomía, en el sentido de restringir sus contactos con el resto del mundo y no en el sentido de recuperar la libertad para tomar decisiones ya que nunca la han perdido, entonces, el aislamiento económico será el tono que caracterice la actividad económica del futuro.
Para dos economías gigantes, como son Estados Unidos y China, el incremento del grado de aislamiento económico es una opción, a pesar de que el aislamiento implica reducción en la eficiencia y un costo para la sociedad; ya que esto puede tener como contrapartida el fortalecimiento de los valores culturales autóctonos y una disminución de la ansiedad que es consecuencia de tener contacto o estar rodeado de personas con rasgos físicos diferentes y con valores culturales que pudiesen ser diferentes. Sin embargo, para una economía pequeña, como lo son casi todas las economías del mundo, el aislamiento económico puede significar el colapso ya que ninguna de estas naciones podría soportar el inmenso costo que para ellas representa la reducción en la eficiencia y en la productividad. Un ejemplo de lo que aquí se señala pudiera estar representado por el proceso denominado Brexit, el cual no es más que el brusco incremento del aislamiento económico, con consecuencias letales para la economía británica. Aun así, una situación de estancamiento global no conlleva un brusco incremento del aislamiento económico sino que arrastraría a las economías del planeta a un proceso lento de aislamiento, pero, no por ello, ausente de traumas. En este sentido, el proceso de fluctuación en los valores de las diversas monedas nacionales tendrá una importancia de primer orden para los efectos de contrarrestar este proceso de aislamiento.
Por otro lado, si bien la situación de estancamiento estará reforzada por el incremento paulatino del aislamiento económico en cada país, será la ausencia de efectividad de las políticas monetarias y fiscales el factor que determine que ninguna nación pueda salir de esta lamentable situación. Dado este escenario, podemos prever que es factible que aquellas naciones cuyos dirigentes sean dominados por la desesperación y, por tanto, se avoquen a implantar políticas fiscales y monetarias expansivas, sufrirán las consecuencias de dicho desacierto y podrían llevar a su país pasar fácilmente de la situación de estancamiento permanente a una de recesión permanente. De tal manera que el Fondo Monetario Internacional, en tanto que organismo multilateral que contribuye a sacar a las economías nacionales de una situación de quiebra financiera, se verá acrecentado bruscamente por la abundancia de casos de economías nacionales que necesiten ser "reflotadas" o rescatadas.
Es evidente que ante un panorama tan aterrador, como es el escenario de estancamiento global permanente, con todos los problemas sociales y políticos que ello implica; la ciencia económica deberá entrar en un proceso de auto-crítica y re-ordenamiento conceptual que marque la senda que guíe las nuevas investigaciones que producirán las técnicas y herramientas que permitan alcanzar, nuevamente, el camino del crecimiento económico global.
Mi intuición me indica que la economía abandonará los temas relacionados con la aplicación de soluciones de cierto plazo para involucrarse en ópticas que enfatizan las perspectivas de largo plazo. De este modo, el objeto de estudio de la macro-economía y la mega-economía se estaría desplazando desde la búsqueda del crecimiento rápido de la demanda agregada hacia la búsqueda del crecimiento paulatino y constante de la oferta agregada; un crecimiento que vaya más allá del simple incremento de la población. Esto significa que el cometido de la economía dejará de estar vinculado con simples alzas impositivas, incrementos de subsidios o reducciones en las tasas de interés. La economía podría estarse fusionando con otras disciplinas para crear el marco teórico que sostendrán los esquemas que se adopten para alcanzar el crecimiento económico por medio del control cuidadoso de la conducta económica de los habitantes de una nación. Efectivamente, los ciudadanos estarán dispuestos a ceder su libertad al Estado con el fin de que éste controle sus vidas para que la sociedad pueda salir de la situación de estancamiento permanente. ¿Como puede ser ello posible?.
La nueva economía no debería tener muchas trabas para establecer el cambio tecnológico rentable como el agente fundamental que crea prosperidad y que sacará a cualquier nación de la situación de estancamiento permanente. En tal sentido, en las naciones con capacidad para producir tecnología, debería desatarse un proceso que sería catalogado como la "guerra del conocimiento". Ciertamente, ante lo inútil que resultarán las medidas de política económica tradicionales para reactivar la economía, la búsqueda desesperada de nuevas tecnologías que arrojen un margen de rentabilidad podría convertirse en la tarea fundamental de los nuevos economistas.
Esta guerra del conocimiento no implica necesariamente la aparición de una nueva revolución industrial sino el acometimiento de un conjunto de actividades que traigan como resultado la producción de tecnologías superiores a la de los rivales. Estas nuevas tecnologías crearían las ganancias económicas que, por supuesto, permitiría remunerar los factores productivos, fundamentalmente el capital, y atender la multiplicidad de problemas sociales que derivan de una situación de estancamiento global permanente.
En estos momentos es imposible vislumbrar cuales podrían ser los elementos fundamentales que conformen esta guerra del conocimiento, pero, sin duda, podemos afirmar que las plataformas que sostendrán esta confrontación serán los sistemas educativos de los países que involucren en esta lucha.
La guerra del conocimiento no es un concepto nuevo ya que su origen se remonta a la aplicación de la tecnología a la guerra y a la industria militar. Sin embargo, es a partir de finales del siglo 19 cuando los capitanes de empresa, jerarcas corporativos con gran poder para monopolizar la producción de numerosos bienes y servicios, advierten que la técnica de producción no es única ni exclusiva sino que pueden idearse una cantidad bastante grande de técnicas de producción orientadas a proveer idéntico bien o servicios y que algunas de estas técnicas son superiores a otras, tanto en materia de eficiencia como en el aspecto de rentabilidad. Es así como los capitanes de empresa norteamericanos y europeos se dedican a la búsqueda de talento que le permitiese idear tantos modos de producción y mercadeo como fuese posible, a financiar la actividad académica de algunas universidades y a financiar diversos proyectos científicos llevados a cabo por investigadores de diversas ramas del conocimiento. Esta guerra se intensifica cada vez más, de tal modo que a finales de década de los 60 del siglo pasado las empresas transnacionales comienzan a crear departamentos de investigación y desarrollo, es decir, la búsqueda de nuevas tecnologías rentables no se limita al financiamiento de algunas iniciativas de investigación sino que se convierte en una actividad constante, continua y permanente. Dicho en otras palabras, a partir de aquel momento, las empresas no se limitan a producir un determinado bien o servicio para satisfacer un mercado específico sino que también, en paralelo, se dedican a producir técnicas eficientes y rentables que permitan satisfacer el mercado del bien o servicio específico que suministra en condiciones de ventaja tal que le permita no desaparecer.
Hoy en día todas las corporaciones globales poseen un departamento de investigación y desarrollo al que dedican un presupuesto de magnitud colosal. Esa el es área de la corporación que le permitirá sobrevivir, alcanzar nuevas conquistas y desplazar a sus rivales.













